ANTOLOGÍA

LOS CANTOS DE MALDOROR

ISIDORE DUCASSE

(Barral - Barcelona) 

A mitad de camino entre el exorcismo y la experimentación, Isidore Ducasse arribó a ese particular altar reservado a los autores que son menos leídos que citados. En efecto, Los Cantos de Maldoror es un título que no merece recordarse sólo por la potencia oscura de sus versos y sus tramas, sino que encierra una riqueza metafórica extraordinaria que suele pasar desapercibida.

Esta edición homenaje encierra, en verdad, dos libros: por una lado, la obra completa de Ducasse (ya que a Los Cantos de Maldoror se le agregan otros poemas y algunas cartas del autor) y, por otro, el estudio preliminar de Aldo Pellegrini, tan preciso como indispensable para entender que la obra de Ducasse no está afectada por la locura o la maldad, sino que es un vértice donde confluye la tradición romántica del siglo XIX con las obsesiones de un hombre que expresaba una misantropía extrema, sorprendente si se recuerda que vivió sólo 24 años, en los que alcanzó una voz propia y ensordecedora que otros no conocen en décadas.

Miembro de una genealogía que incluye a Poe, a Rimbaud, a Baudelaire y a Byron, Ducasse convoca a los espíritus caídos para representar las sombras de una época en la que lo inmaculado está en peligro permanente, en la que la inocencia se ve acechada por la vileza de la misma sociedad que la condena con hipocresía. Su crítica es certera, además de formalmente provocadora: la combinación de ambos aspectos da lugar a este clásico de la literatura maldita, que adopta –por momeserntos con absoluta claridad- los modos y señas de otros géneros, como los poemas homéricos, la obra de Goethe, los libros herméticos sobre alquimia, y los versos de Dante.

Oportunidad

Autor complejo y hostil al lector poco dedicado, Ducasse difícilmente pueda adoptarse como punto de partida literario: cierta práctica es requerida para que toda la riqueza de la obra se aproveche, así como se necesita un paladar experimentado para hallar las notas de un gran vino. Pero sin duda, para aquél que esté en condiciones de encontrarse con Ducasse, esta redición es su mejor oportunidad, pues el estudio y la traducción de Pellegrini aportan un valor significativo al que ya tienen los cantos torturados del Conde de Lautreamont.

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MARTÍN MAZZUCO CÁNEPA